Imagina un mundo sin ordenadores, sin bases de datos, sin algoritmos de aprendizaje automático. Y ahora imagina que en este mundo los gobernantes sabían el número exacto de sus súbditos, cuánta cosecha se recogía en cada región, cuántos soldados se podían reclutar para el ejército y cuántos impuestos se podían recaudar de cada hogar. ¿Suena a ciencia ficción? Pero esta era la realidad de la antigüedad. Y hoy, cuando hablamos de inteligencia artificial y automatización, vale la pena reflexionar: las primeras «redes neuronales» de la humanidad aparecieron mucho antes de la invención de la electricidad.